tomaron conciencia de que para controlar los gastos globales en salud era necesario desarrollar alimentos que mejoraran la calidad de vida de la población.
Desde entonces, la demanda de este tipo de alimentación ha crecido espectacularmente y ha disparado el interés por parte de la industria alimentaria y aquí es donde nosotros tomamos un papel importante pues los comensales están en busca de estos productos que además de proporcionarles nutrimento y energía, les dan un beneficio extra para el cuidado de la salud.
Entre los alimentos que han sido modificados para mejorar la salud o proteger contra algunas enfermedades se encuentran diferentes tipos de leches, yogures, cereales, panes y quesos.
Por ejemplo, ya hay lácteos con componentes prebióticos (fibras naturales que favorecen desarrollo de la flora intestinal) y probióticos (cultivos vivos que mejoran el tránsito intestinal y el equilibrio microbiano del aparato digestivo); y cereales con ácido fólico, cuya ingesta durante embarazo previene contra enfermedades como espina bífida en el bebe.
Asimismo, están los yogures, quesos y margarinas con estereoles y estanoles de origen vegetal que diminuyen los niveles de colesterol malo y el riesgo de sufrir enfermedades del corazón.
Otros alimentos funcionales son los huevos enriquecidos con ácidos omega-3 que ayudan a controlar la tensión arterial y la absorción de grasas, lo que reduce posibilidad de padecer enfermedades cardiovasculares; además de panes y barras de cereal con isoflavonas que disminuyen el riesgo de cáncer de mama o próstata, dolencias cardiacas y osteoporosis.
La inclusión de estos alimentos en nuestros menús puede ofrecerle un plus al comensal pero siempre haciendo énfasis en que esta comida no actúa por sí sola pues para disfrutar de sus beneficios debe acompañarse de una dieta equilibrada y ejercicio físico.
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