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ANIVERSARIOS
Vivir, permanecer en el tiempo, trascenderlo…

Un año más de vida que se festeja siempre es un motivo de celebración.

Dicen que no existen las casualidades, sino las causalidades y si algo le debemos al destino y, desde luego al esfuerzo humano, es coincidir y sobre todo, permanecer. 2008 es un año seguramente mágico porque con él y en él coinciden muchos aniversarios.

El primer medio siglo de CANIRAC que junto con ellos festejamos.

Los 120 años de Bodegas de Santo Tomás, la empresa vitivinícola más antigua de Baja California.

BODEGAS DE SANTO TOMÁS:

Don Abelardo Rodríguez, ex gobernador de Baja California y ex Presidente de la República en la década de los treinta, compró la vinícola a Ardonegui y Ormart en 1932, en la ciudad de Ensenada, un importante puerto comercial. Después, contrató al enólogo italiano Esteban Ferro y logró hacer crecer la compañía. En 1939, se embotelló el primer vino de Santo Tomás en Baja California.

Al principio de la década de los setenta, Don Elías Pando, llegado de Asturias, tomó posesión de la empresa, luego de desarrollar su vocación de abarrotero de la Merced. Como todos los refugiados españoles, bebía vino a diario para acompañar sus comidas, gusto y disfrute aprendido desde la infancia. Así, cuando tomó posesión de las Bodegas Santo Tomás, decidió que pondría todo su esfuerzo en producir los mejores vinos del país. Para lograrlo, al principio contrató al enólogo Dimitri Tschelicheff, cuyo padre se había hecho famoso por haber impulsado vinos californianos de calidad. Dimitri modernizó todos los procesos de vinificación de la empresa, al introducir tanques de fermentación de acero inoxidable y pequeñas barricas de roble para el proceso de añejamiento. Realizó cambios importantes en los viñedos, plantando variedades diferentes de uva, como Cabernet Sauvignon, Barbera, Pinot Noir y Colombard.

Elías Pando se ocupó de Santo Tomás a lo largo de veinte años. En 1988 Santiago Cosío padre, yerno de Don Elías, compra la empresa. Para retomar el compromiso de hacer vinos de alta calidad, Cosío invitó en 1989 a Hugo D’Acosta, hoy dueño de ‘Casa de Piedra’, como director general y enólogo y lo primero que hizo fue transformar la bodega. De ser productora de volúmenes masivos, se convirtió en una empresa de elaboración de vinos de alta calidad. En ese entonces, empezaron a introducir al mercado vinos mexicanos varietales (vino elaborado con al menos 75% de una variedad específica de uva), como Tempranillo, Chardonnay y Cabernet Sauvignon. Para producir vinos premium, redujeron más su producción y también, construyeron una nueva planta.

En 1999, Santiago Cosío Pando, hijo de don Antonio, toma las riendas de la compañía. Actualmente, está abocado a difundir su proyecto. Quiere eliminar de una vez y por completo, el prejuicio que aún sufre la vinicultura mexicana por parte de los mismos mexicanos, y hacer patente lo que hoy es una realidad en el mundo de los vinos: que el mexicano está a la altura de cualquiera. La responsabilidad actual en la elaboración de los vinos en Bodegas de Santo Tomás recae en Laura Zamora, enóloga con más de 20 años de experiencia en la empresa.

L.A. CETTO

Don Ángelo Cetto formaba parte de una cooperativa de agricultores italianos de la región de Trento, al norte de Italia. No tenía en mente lo que habría de lograr en México, cuando desembarcó en el puerto de Veracruz a principios de los años veinte. Don Ángelo, como muchos otros, decidió buscar suerte en el país que había escogido como destino. Trabajando como jornalero o en cualquier eventualidad que se le presentaba, llegó a Tijuana donde compró la Vinatería Jonson en 1926. Esa adquisición marcó su arraigo y el inicio de lo que es hoy una de las industrias vinícolas más grandes del país. La Vinatería Jonson vendía todo tipo de vinos y licores, con una particularidad: en la trastienda, Don Ángelo destilaba uva que compraba a los rusos que cultivaban en el Valle de Guadalupe, por lo que también ofrecía vino hecho en casa. En 1928, tenía su propia marca de vino, Cetto a la que luego le cambió el nombre por Chauvenet, marca con la que se empezó a vender en todo el país.

Don Ángelo tenía una clara vocación por el campo y el vino que tradicionalmente se producía en natal Trento, a principios de los años sesenta empezó a cultivar uva en ‘La Escondida’, un rancho que adquirió en Tecate, Baja California. En 1962, hizo pruebas con diferentes varietales, en 1,050 hectáreas con miras a comercializar diferentes tipos de vinos. Ahí, en 1964, montaron una fábrica en donde también hacían brandy para Domecq. En 1966, llega Camillo Magoni, enólogo que se incorpora a la empresa para centrarse exclusivamente a mejorar los viñedos para producir vinos de primera calidad. En 1972 se funda la vinícola ‘L.A. Cetto’, la cual inicia la comercialización de vinos de alta calidad. Ese mismo año fallece Don Ángelo.

En 1974, Camillo Magoni, convence a Luís Agustín de sacar un vino con su propio nombre. Así nace ‘Luis A. Cetto’, que en 1975 pasaría a ser ‘L.A. Cetto’. Dos décadas después de haber asumido el mando, Luis Alberto, hijo de Luis Agustín, se integra para expandir la compañía rápidamente y ocupar todos los espacios que el mundo le permita. Si a su abuelo le correspondió crecer a nivel regional y a su padre abarcar el mercado nacional, él tiene la responsabilidad de ganarse el mundo. Y aunque hoy exportan el 25% de su producción a más de 25 países, Luis Alberto ha iniciado un proyecto estratégico mucho más ambicioso de alianzas con algunas compañías en el extranjero.

Y, FINALMENTE LOS 60 AÑOS DE LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE VITIVINICULTORES, A.C.

En 1948, en vista de la creciente importancia que la Industria Vitivinicultora lograba en ese momento, motivada por la necesidad de contar con un órgano que representara sus intereses ante instituciones públicas y privadas locales, nacionales e internacionales, se crea la Asociación Nacional de Vitivinicultores, A.C. Esta Asociación agrupa tanto a productores de uva en el país, como a empresas y organizaciones que se dedican a procesarla para la obtención de sus derivados, como uva pasa, jugos de uva, brandies y desde luego, los espléndidos vinos mexicanos. Sus principales funciones son, entre otras: fomento al desarrollo del cultivo de la vid, industrialización de la uva y comercialización de productos que de ella se obtengan; también representa los intereses de la industria ante autoridades y organismos públicos y privados y actúa como interlocutora ante todo asunto de interés para la industria; defiende además, los intereses de sus asociados y busca promover la creación de estaciones enológicas y otros organismos técnicos y prácticos para proteger y mejorar la calidad de los productos vitivinícolas.

COMITÉ DE VINOS MEXICANOS

El Comité de Vinos Mexicanos fue creado en 2002, como una instancia de la Asociación Nacional de Vitivinicultores, A.C.

Misión: Fortalecer la imagen del Vino Mexicano unificando esfuerzos del sector vitivinícola, para lograr mayor participación del mercado. Objetivos: Promover y difundir el Vino Mexicano ante el mercado nacional e internacional. Generar confianza en los diferentes sectores, de la calidad del Vino Mexicano. Favorecer la cultura y consumo del Vino Mexicano.

Bueno, querido lector: Si de festejar se trata, sugiero que juntos levantemos nuestra copa para desearnos muchos años más, agradecer a la vida y brindar con un excelente Vino Mexicano.

por Pilar Meré.
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